Cuando una fábrica de alimentos certifica FSSC 22000 o BRCGS, la exigencia no se queda adentro de su planta: baja a los proveedores críticos, y el envase entra en esa lista. Si producís latas, films o cualquier material que toca el alimento, tarde o temprano un cliente te va a pedir evidencia de que tu proceso no le agrega un riesgo.
No siempre te van a pedir el mismo certificado que ellos tienen. Puede ser ISO 22000, FSSC 22000 si el material toca el alimento directamente, o, como piso mínimo, un ensayo de migración que demuestre que tu envase no traspasa sustancias al producto. En cualquier caso, van a pedir evidencia de que tu proceso no introduce un riesgo en la cadena que ellos ya certificaron.
Acá el punto más filoso no es la norma en sí: es saber, exactamente, dónde termina tu responsabilidad y dónde empieza la del cliente que envasa. Si tu envase falla y el producto final tiene un problema, la trazabilidad decide si el reclamo se frena en vos o sigue de largo. Sin nadie que conozca esa línea de antemano, no la traza nadie hasta que ya es tarde.
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Así opera la exigencia en la práctica: FSSC 22000 obliga a las empresas certificadas a evaluar y exigir controles a sus proveedores de material en contacto con alimentos. No es una decisión aislada de un cliente puntual: es una condición de la norma que baja en cascada por toda la cadena.
Depende de qué material fabriques y con qué contrato. Lo definimos juntos.