San Juan concentra cerca del 43% del aceite de oliva del país, y buena parte de esa producción, junto con conservas y deshidratados de la región, apunta a exportar. El producto ya está a nivel. Lo que falta, la mayoría de las veces, es poder mostrar con evidencia que el proceso detrás también lo está.
BRCGS o IFS Food son las que más abren mercados exigentes en aceite de oliva, conservas y deshidratados. Por debajo, HACCP y BPM son el piso que cualquier auditor va a mirar primero. Si además apuntás a Europa o EE.UU., puede sumarse certificación orgánica según tu producto.
El punto flojo casi nunca es la validación térmica en sí: es no tener quién la revise antes de que la pida un auditor. Cosecha por cosecha, lote por lote, hay que poder mostrar que un proceso compartido con otro producto está realmente controlado, no solo declarado en un papel.
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El peso de la región: San Juan concentra cerca del 43% del aceite de oliva argentino. La región ya exporta. La certificación es lo que decide a qué mercados y con qué margen de negociación.
Europa, EE.UU. o un retailer local piden cosas distintas. Lo definimos según tu destino real.